¿De qué sirve aplaudir?

Estos días son como un bucle. Sin actividad en casa pasa el tiempo entre libros y sesiones interminables de videojuegos con amigos. A las 20h sesión de aplausos. 10 minutos de leer odio en Twitter. Un poco de información tóxica por WhatsApp. El miedo de que hay vecinos y amigos que aún hoy tienen que ir a trabajar y podrían contagiarse.

Los aplausos están llenos de bondad e inocencia. Un aplauso es como una bandera, algo simbólico, y como todo lo simbólico no es nada y al mismo tiempo es todo. Como inocente es compartir un vídeo con un supuesto remedio para el coronavirus: nos agobiamos y queremos aportar nuestro granito de arena. Aunque nos la cuelen. Ninguno estamos a salvo, ni siquiera los que pagaron un seguro en hospitales privados que se negaron a atender pacientes con Covid.

En esta desesperación por aportar, corremos el riesgo de sufrir una mutación y creernos expertos de algo que no conocemos realmente. Una crisis sanitaria mundial, que ni los países que cerraron o abrieron fronteras han podido detener. Algo para lo que ningún sistema está preparado, pero que se puede combatir de manera muy eficiente: quedarse en casa, tener más camas en las UCI y más recursos y profesionales sanitarios en el sistema público de salud.

¿Y qué podemos hacer para ser útiles? Nuestra misión actual es tener paciencia, quedarnos en casa, cortar la transmisión de rumores y prepararnos para convertir los aplausos en una ola a favor de la sanidad pública y la defensa de lo común frente a la barbarie de lo privado.

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