Infantilismo de izquierdas

Recuerdo 2014, inicio de Podemos:

Lo importante no es la izquierda o la derecha, lo importante es el pueblo“.

He hablado de esto aquí antes y odio repetirme (aunque lo hice). Conscientes de la mascarada del régimen del 78, donde la izquierda es el PSOE, parecía necesario probar una cosa diferente y funcionó.

¿Pero qué significa “izquierda” en pleno 2019? ¿De verdad a alguien que no esté en nuestra órbita se le puede pedir el voto por esto y nada más? Parece muy barato y bastante vago por nuestra parte. O lo que es lo mismo: parece una dinámica que le viene muy bien al Partido Socialista para ponerse al lado de los partidos del cambio y pedir su parte aunque no se nos parezca en nada -como ya hizo en las dos últimas convocatorias electorales-. Igualmente no permitamos que la realidad mate nuestros sueños: decir “izquierda” a todas horas da votos.

Sobre todo seguro que da votos entre la gente humilde que alguna vez ha votado a la derecha. Es igual, renunciemos a ellos, no son de izquierdas. A lo mejor podemos obtener los votos necesarios para mejorar la vida de la gente en otra parte, quizás en otro país. O quizás sea suficiente con los 4 colegas que estamos aquí en la asamblea. Sea lo que sea preferimos que la realidad no se entrometa.

¿A qué viene todo esto? Pues que un domingo más, llega un artículo más, una queja más de los de siempre. ¿Cómo os atrevéis a intentar dejar de ser un partido izquierdista clásico -con lo bien que nos iba-? ¿Dónde vais por ahí -que eso no viene en los manifiestos de nuestros papis-? ¿No será mejor ser los de siempre pero ser “puros”? ¿No veis que no os entienden los charcuteros -aunque Errejón casi triplique los resultados de la izquierda clásica en la C. de Madrid-?

Otra vez los mismos llantos. Ya dijeron que este discurso (el mismo de Podemos en 2014) era falangista, y está claro que acertaron. Una vez más.

Sobre lo anterior dos cosas, los charcuteros os entienden -y los hijos de los albañiles también os entendemos-, lo que pasa es que nos aburrís. Es más, entendemos más esto que dice Errejón aquí abajo -y es más materialista y más pedagógico-, que estar hablando todo el día de materialismo dialéctico en redes sociales (teoría que es mejor ejercitar que exponer).

Supongo que el discurso de este vídeo es abstracto, ¿verdad?

Teoría y praxis era la cosa, no pseudoteoría y twitter. Pero hablemos también desde ahí, y hagámoslo desde la misma tradición política, porque ya le pasaba esto hasta al mismísimo Lenin en sus días, cuando tenía que enfrentar discursos grandilocuentes tras los que no había absolutamente nada (y que ponían en peligro la integridad del pueblo y el país).

¿Es que puede un comunista, por poco que comprenda las condiciones de vida y la psicología de las masas trabajadoras y explotadas, descender hasta ese punto de vista del típico intelectual, pequeño burgués y desclasado, con la psicología del señorito o del hidalgo, que declara “inactiva” la “psicología de paz” y considera “actividad” blandir una espada de cartón?” (fuente)

Le decían que la paz firmada por la URSS con Alemania era sinónimo de burguesía. Supongo que las balas y el hambre de las trincheras no llegaban a las tribunas de los camaradas.

Lanzar frases sonoras es una propiedad de los intelectuales pequeño burgueses desclasados.

Igual que hoy a los imanes de la vieja izquierda no les llegan las frustraciones militantes de aquellos que, tras montar un partido a sangre y fuego, vimos como se desmontaba su estrategia por una dirección a la que le temblaron las piernas al tener que elegir entre lo de siempre (ser la nueva IU) o un camino nuevo que entrañaba riesgos pero generaba posibilidades (llego a la posibilidad de 5 millones de votos).

Cambiar las cosas da pavor, lo sabemos. Y volver a lo de siempre es reconfortante y tiene mucho de terapia de grupo -a algunos de mis compañeros les permitió perder el miedo escénico hablar en mítines de IU en los que -desgraciadamente- solo estaban ellos-, pero no queremos volver a un lugar donde los poderosos se reían de nosotros, sino que queremos ser cada vez más grandes y acabar dictando, junto a nuestro pueblo, el rumbo del país.

¿Qué sentido tiene crear un partido de carácter popular si el objetivo no es buscar ser mayoría? ¿Debemos conformarnos con los conversos? Sabemos hasta su número y no llega.

El objetivo debe ser intentar que las propuestas populares avancen posiciones, no volver al punto de partida. La idea es ganar (es lo más radical), no volver a los brazos de los viejos amantes, recorrer las viejas sendas y lamentarnos cuando nos lleven al mismo destino -sorpresa-.

El trabajo diario de aquellos que aún crean que es posible conseguir el cambio político tiene que incluir un esfuerzo por debatir desde la realidad, no desde las imágenes construidas para el otro, como si todo lo que no fuese uno mismo nos fuera ajeno, o toda crítica fuese ejercitada desde la traición.

Post Scriptum:

1 – Lo he escrito a toda marcha y seguramente esté infectado de erratas.

2 – En realidad podría haberse resumido todo esto con este gran tuit de Germán Cano:

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Economía “colaborativa”

Para eso ha quedado la economía colaborativa, que más bien se ha convertido en paradigma de aquello en lo que algunos pretenden convertir el trabajo: una cadena de pequeños bolos mal pagados y circunstanciales que se aceptan a través de una aplicación en el móvil

Un párrafo bestial de un artículo más que recomendable en Yorokobu.

Otro político cobarde y patético

Pisotear a los más débiles no debería salir gratis.

Hace unos días falleció, en un Centro Asistencial de Melilla, un menor de origen marroquí. Ante este fallecimiento y el contacto de sus posibles padres, el consejero de Bienestar Social de Melilla, Daniel Ventura (PP), hizo unas miserables declaraciones:

“no voy a recibir a los padres del fallecido porque para que vengan a llevarse un cadáver que hubieran venido antes a por su hijo. No nos pueden dar una imagen totalmente falsa, como que ha llegado a España para trabajar y estudiar, cuando realmente vivía en la escollera y tenía problemas de drogadicción”

Supongamos que sea verdad que el chico tenía problemas de drogadicción, supongamos que se truncaron sus deseos de prosperar, que tropezó por el camino, que no disponía de recursos para buscar una salida y perdió el rumbo. ¿Acaso no es esta la situación de miles (cientos de miles) de menores españoles que sucumben en nuestros barrios al fracaso? ¿No le convierte en un objetivo para nuestras políticas sociales?

Creo que este es el mayor ejemplo de esa España que cuando ve a alguien en una situación de debilidad no piensa en echarle una mano, sino que los culpa de todos los males de su sociedad. De esa manera ocultan su negra gestión.

Una persona menor de edad que en un momento angustioso de su vida cae en las drogas no es un peligro, sino el eslabón más débil e inofensivo de la sociedad. Toca recuperar a esa España valiente, que no se asustaba tan pronto, ni por cuatro tonterías, ni por cuatro chavales que se han metido en problemas. España no puede convertirse en un “sálvese quien pueda”. Buscan que tengamos miedo los unos de los otros, la solidaridad les aterra: pone en peligro su forma de vida y sus privilegios.

Las declaraciones del consejero son la vida imagen de un PP que mientras celebra que “en España no existe ningún partido de extrema derecha“, usa a un menor fallecido como escudo humano para tapar sus miserias y captar el voto ultra. No me extraña que, tras haber pisoteado el nombre de su hijo recién fallecido, el consejero no se atreva a recibir a sus padres: a la hora de la verdad solo es un político cobarde y patético.