Una campaña para quien pueda pagarla

Rafael Catalá ha dicho este lunes que estaría de acuerdo con acortar una posible campaña electoral  “para no atormentar a los ciudadanos con dos semanas de mítines”. Uno es malvado, pero no sádico: una cosa es recortar la salud pública a los ciudadanos y otra bien distinta hacerles que escuchen durante dos semanas las insoportables necedades de Mariano. Sobre todo si existe la posibilidad de que en campo contrario estén diciendo cosas que merezcan la pena ser escuchadas o aún más arriesgado: que haya quien en campaña se dedique a hablar con honestidad.

También ha hablado de que deberían ser más austeras, pero no para abrir el melón de la financiación de los partidos. Catalá no menciona que PP, PSOE y Ciudadanos han gastado -talón bancario mediante- 25 millones de euros solamente en el 20D. No menciona lo caro que nos sale a todos los españoles que nuestros partidos políticos le deban más lealtad a la banca que a los ciudadanos que les votan. ¿Para qué?

Lo que realmente le interesa al PP es recortar el tiempo de campaña, ya que son todo ventajas: quien dispone de décenas de tertulianos dispuestos a envenenar la actualidad a diario no tiene necesidad de una campaña electoral donde se arriesga a que sus adversarios puedan desmontar sus mentiras. El problema lo tiene quien no los tiene, quien necesita la campaña para deshacer los nudos atados por el poder mediático y hacer pedagogía entre los votantes.

“¡Recortemos!”, debe de estar pensando el ministro. Nada de cuotas fijadas por ley, ni espacios televisivos, ni radiofónicos, ni en prensa escrita para los ajenos al poder. Quien quiera hacer política que se compre una televisión.

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